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Rock in Rio - 30/6/2012. Día 1

"Hoy es el día de la música en español, aquí en el Rock in Río. Hay que reivindicar la música en castellano." Esas eran las palabras que decía a eso de las 19:30 Leire, la cantante de la Oreja de Van Gogh, en un show que hizo muchísimo ruido y ofreció un buen espectáculo.  Y tenía razón, era el día en el que todos los grupos del llamado Escenario Mundo eran músicos que tocarían en castellano. Solo a excepción de Lenny Kravitz, que se comería la noche a las pocas horas.

El "Rock" in Rio, es un día, un festival, una semana, para estar contento de vivir la música. Niños de 4 años, adolescentes de 16, gente de 25-30-35 años, y grupos de amigos rondando los cincuenta. Allí todo el mundo tenía cabida. Lo importante era pasar un buen rato, al aire libre, con música de fondo continuamente, y celebrar la llegada del verano. Una tirolina de 200 metros de largo en continuo funcionamiento, la tradicional Noria gigantesca, y miles de tiendas, de lugares de reunión... de buena organización. Autobuses saliendo cada 3 minutos desde el Santiago Bernabéu hasta el recinto de Arganda del Rey. De todos los festivales, este puede ser de los que presuman de tener una organización más perfecta. 

Coldplay - Vicente Calderón - 20 de Mayo



20 de mayo. Madrid. Hace 8 meses, en la Plaza de las Ventas, la lluvia estuvo amenazando durante la hora y media en la que Coldplay dio un enorme espectáculo. Qué tendrán estos ingleses, que llevan la lluvia a donde van. La noche en el que el Vicente Calderón se llenó a reventar, había estado precedida por una tarde en la que los teloneros tuvieron que mojarse para intentar calentar al público, algo que era completamente imposible, pues la lluvia destrozaba el ambiente y el granizo caía entre la multitud. No llegaba la masa aún siquiera a 15.000 personas, pero había nervios. De repente, los dioses de la música decidieron intervenir. Un hechizo hizo volar los nubarrones negros y salió el sol, y con él la gente de nuevo. En apenas media hora, el estadio estaba lleno. Eran las 9:30 y la gente se inquietaba, aunque no sería hasta 30 minutos más tarde cuando Chris Martin y los suyos (es así, el espectáculo lo pone él) entraron en escena. 55.000 muñecas se iluminaron gracias a unas pulseras repartidas en las diferentes entradas. Fuegos artificiales, rayos de luz, gritos y la banda sonora de Regreso al Futuro, para dar paso al primer tema del concierto Just like Heaven. No faltaron ninguno de los temas que les han alzado a la fama. Antes o después sonaron sus himnos: Yellow con una breve introducción acústica, la fortísima guitarra de In my place, The Scientist, el primer plagio (con perdón) Viva la vida, Fix you, Clocks, el último plagio (con perdón) Every drop is a waterfall, además de una nueva joya creada, Paradise.

Pero el concierto tomó matiz de ladrillo. Debo ser de los pocos que estaban allí que en algún momento se aburrió. Me gusta que los artistas interactúen con el público, y encima tengan grandísimas canciones bajo el brazo. Pero hay un límite. Lo del domingo no fue un concierto, fue un show. La música pasó a un segundo plano. Importaba que la pulsera se encendiera, que Chris Martin bailara por el escenario, que los fuegos artificiales fueran enormes... Pero Coldplay no fue capaz de transmitir ni una décima parte de lo que transmitió en las Ventas hace ya 8 largos meses. Y tal vez la clave fue que mataron el espíritu del rock de estadio. U2, Oasis, The Rolling Stone, Muse, The Black Keys, Bruce Springsteen... esas bandas si tienen alma de estadios. Tienen en torno a 20 canciones (si no más) que hacen que te puedas volver loco en el césped de un campo de fútbol. Coldplay (empezando porque no pasaban por su mejor noche) tocó canciones como Up in flames, Speed of Sound, y ralentizaron muchísimo el concierto. Y eso no lo puedes hacer si tienes 55.000 persona delante. Porque no estás hablando de la Joy Eslava (900 personas), de la Riviera (2.500) del Palacio de Vistalegre (8.000), de las Ventas (14.000) ni del Palacio de los Deportes (casi 20.000). Estamos hablando del Vicente Calderón a las 22:00. Es un escenario inmenso, donde juegos de colores, de luces de sombras y pantallas inmensas no son suficientes. Coldplay no supo ver donde se encontraba. Tampoco era posible, pues el show estaba sí montado, y no se podía cambiar. Pero sin duda el punto de depresión del concierto fue cuando tras la sosa  Up in flames se marcaron una Princess of China mientras en las pantallas aparecía Rihanna cantando su parte de la canción. Ese playback fue la gota que colmó el vaso. El público siguió chillando y "cantando" (muchos de ellos no conocían más que Viva la Vida) ya que el momento lo precisaba, pero tal vez después de esta gira Coldplay deba recapacitar. El hecho de hacer un último disco, Mylo Xyloto, más comercial y con esos ritmos pop-estadio, no quiere decir que tengan la calidad para ello. El rock transmite cosas que otros no puede, por eso hay canciones que pasan a la historia, y hay canciones que mueren olvidadas. Hacer un concierto con casi 60.000 almas delante, implica muchos factores, que este grupo de momento no tiene. Coldplay alberga en su repertorio 2 de las 20 mejor canciones de lo que llevamos de siglo. Parachutes es un discazo, Viva la vida or death and All his friends es un pedazo de disco con canciones tremendamente buenas. Pero el estadio es para el rock. El pop (siendo fabuloso) tiene limitaciones. Y si no, que se lo digan a Black Eyed Peas, que tocaron hace un tiempo en este mismo estadio, y la gente no sabía por qué había comprado la entrada. 



Leiva - La Riviera - 12/04/2012

Viva el rock, pensábamos al salir de allí. Viva el rock, viva la música.
Cuando de repente después de casi veinte minutos de más de espera, se apagan las lucesy aparecía en en el escenario una figurita con planta de peón de ajedrez, pero con alma de Pete Townshend. Era Leiva, presentando en Madrid su disco en solitario Diciembre.
Antes los chicos de Mucho, hicieron de teloneros avivando el ambiente un poco tranquilo de la sala. Con sus canciones post- Sunday Drivers, cantando en castellano y con la versión de The Black Keys, Gold on the Ceiling del último disco de los de Ohio, consiguieron meter ritmo a la noche que empezaba. Tras la primera media hora de rock donde estos toledanos tocaron de entre sus temas alguno como Vas a saturar se inició un periodo de espera insoportable. `


Sal Leiva, sal. Vamos Leiva, por Dios.
 Y salió. Sombrero en la cabeza, pañuelos y fulares en el micro, su tema Nunca Nadie abrió el concierto de rock que Madrid necesitaba. Saliéndose del ritmo pereza, con su particular banda (dos vientos, un teclado, dos percusiones, dos guitarras y un bajo) hicieron que antiguos sonidos entraran en el corazón. 
Suena Penaltis, suena Éxtasis, de su nuevo disco, y el público se vuelve completamente loco. Son temazos, que durante sus 3-4 minutos de duración, traen sonidos acústicos, rockeros, soul, pop... son canciones mejoradas en cuánto al sonido que el propio Leiva dice que intentó a la hora de grabarlas. De un sonido mucho más acústico, se da el salto al rock. La única excepción de todo el concierto tal vez fue Vis a Vis, que mantuvo el ritmo predeterminado por el disco. 
En cuanto al resto del concierto, sonaron los grandes temas de Pereza. Como lo tienes tú tronaba rockera en los primeros compases del concierto. Superhermanas en el ecuador. Fue tras una breve pausa, haciendo el amago de irse, cuando la banda tocó los grandes temas del último disco de Pereza, Aviones.  Amelie y Lady Madrid engancharon al público y les hicieron gritar como nunca en todo el concierto. No faltaron en todo el show el single Eme o Miedo que gana mil puntos cuando suena en directo y el público se deja la piel. Hubo un momento para el más grande, cuando Leiva, tras decir "Es nuestro Bob Dylan español" se soltó (y bordó) la canción-novela negra y obra maestra El caso de la rubia platino. Se hizo una versión también del tema de Sidecars, Ya no tengo problemas, aprovechando que Juancho, el hermano de Leiva y cantante de este grupo, forma la segunda guitarra en esta banda.
Además, lo grato de ir a un concierto de un grupo castellano, es la conexión con el público. Poder dedicar canciones y sembrar la duda entre el público: "¿Será para Rubén?" o poder narrar una historia en la cuál el propio Leiva dice que casi se mata, y poder gritar a la sala de la Riviera: Qué bien sienta estar vivo. 
Y tanto que sienta bien.
Viva el rock, viva Pereza, viva Leiva, Rubén, Juancho, Tuli, la Riviera, el Manzanares, la música y la guitarra, pensaba el público mientras la banda se despedía a ritmo de The Faces y Stay with me bailando por la pista que habían domado, y mirando al público que se habían comido. 



Coldplay



El 25 de Octubre, la banda internacional Coldplay sacó nuevo disco: Mylo Xyloto. Con su electrónica y sus cosas, y su Paradise o Every Teardrop Is a Waterfall (Ritmo de la noche) como temas bandera. Pues bien, al día siguiente, veintiséis de octubre del dos mil once,  presentaban el disco. ¿Dónde? En Madrid; ¿Pero dónde? En La Plaza de Toros de Las Ventas; ¿Cuanta gente había? 17.000 personas, con entradas agotadas una hora después de que salieran a la venta. ¿Y fuiste? SÍ.
Gracias a muchas casualidades, la suerte me llevó al tendido bajo de la Plaza de Las Ventas. En la entrada, había dos frases latentes: "Qué bonita es la plaza" y "¿ Quién serán los teloneros?. Resultó que esta pregunta tenía como respuesta a un infumable DJ que hacía música más parecida al estilo de Chimo Bayo que al de Coldplay. Eso, más el frío, hacían larga la espera, y el público ansiaba la llegada de los británicos de moda. 
Retiróse por fin el DJ cuando salió sustituyéndole... ¿Mario Vaquerizo?. Sí. Soltó cuatro tonterías sin gracia, dijo cuarenta veces la coletilla "y todo esto", citó incomprensiblemente a Lina Morgan, y se fue presentando un documental sobre Coldplay. De momento, Basura 2 - 0 Calidad. En cuanto al documental... estaba en inglés, y sin subtitular, y con 10ºC de temperatura, no resultó nada atractivo. Basura 3 - 0 Calidad. Finalizó el documental. Se inició una cuenta atrás. Empezaba el concierto. Se apagaron TODAS las luces. Se encendieron las pulseras que regalaban en la entrada del concierto. Luces del tamaño de la muñeca rojas, amarillas, rosas, blancas, verdes, azules... 15.000 personas brillando. Esta excitación se unió a fuegos artificiales en el cielo de Madrid. Con todo esto, los cuatro integrantes de Coldplay: Chris Martin, Jon Buckland (Guitarra), Guy Berryman (Bajo) y Will Champion (Batería) ya estaban en el escenario. Comenzaron con el tema que dio nombre al nuevo disco, Mylo Xyloto, mientras los fuegos y las luces se iban apagando poco a poco. Siguieron sin dar lugar al silencio con "Hurts Like Heaven", también del nuevo disco. "¿Hay alguien ahí?" Dijo Chris Martin al acabar la canción. El bullicio dio lugar al grueso del concierto. Si haces una lista de reproducción propia, casera, en tu ordenador, pondrás las mismas canciones que Coldplay metió en su repertorio, y seguiditas: Yellow, In my place, Major Minus (la única "no conocida" por ser del nuevo disco), Lost, The scientist, Violet Hill. Del tirón y sin reposo. Con el público ya en el bolsillo, comenzaron con un repertorio un poco más mezclado, con Politik o Viva la Vida (el climax del concierto) por medio. Todo esto con pelotas de playa volando, mariposas de papel, luces amarillas inundando la plaza. Fue maravilloso. Tras un par de canciones en el centro del escenario mano a mano Chris Martin y Will Champion (Up in flames, Til kingdom come) el concierto siguió su línea perfecta y acabó con Clocks, Fix You y Every Teardrop is a Waterfall. Tras una hora y media de concierto y de locura, Coldplay se acabó. Las luces se fueron. Pero algo quedó dentro de todos. Esas mariposas se fueron a los estómagos. Esas pelotas descargaron en los brazos la tensión. Las luces se quedaron en el alma. Y esa música en la cabeza, dio ganas de vivir. Dieron alegría y esperanza en tiempos difíciles. Larga vida a Coldplay, el mejor grupo del momento.